Get Adobe Flash player

De eso no se habla

Alejandro B. Rofman es profesor titular de Estructura Social Argentina de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Si hoy viviera María Luisa Bemberg seguramente tendría abundante material para realizar una segunda versión de su película “De eso no se habla”. El argumento se basaría en una versión completa de acontecimientos que hoy ocurren en la sociedad argentina y que llenan de estupor a cualquier ciudadano presente.Hay dos temas tabúes sobre los cuales ni siquiera se puede reflexionar o discutir en voz alta: la deuda externa y el llamado modelo de Convertibilidad. Cualquier opositor de ideas opuestas en torno a estos dos problemas centrales de nuestra vida como sociedad merece inmediatamente la respuesta enérgica y descalificadora de dirigentes políticos, funcionarios encumbrados, gurúes económicos, evaluadores internacionales del riesgo-país y financistas instalados en el Primer Mundo. Se aduce que el riesgo-país, expresado en la prima adicional que se debe pagar por sobre la tasa de interés internacional, se eleva sustancialmente cuando surgen voces que solicitan que esta cuestión sea motivo de análisis o que, eventualmente, hay que erogar para hacer frente a los servicios de la deuda. Analizar la deuda. En última instancia, intentar que el debate se instale y surjan diversas corrientes de opinión con sus respectivos argumentos, aún los más extremos, no puede considerarse un disparate. Más aún cuando hay que pagar en el año 2.001, de los recursos que el Estado recauda de todos los argentinos, más de 11.000 millones de dólares en intereses, un monto suficientemente importante como para merecer una evaluación de un impacto sobre los posibles usos alternativos que se les podría dar a esos fondos. Y si bien parece por el momento imposible no “honrar” la deuda externa ello excluye considerarla en toda su amplitud. Hace pocos años nadie hubiera pensado que los países más avanzados del mundo hubieran tenido la osadía de proponer la cancelación de los endeudamientos externos de los países más pobres del mundo. En el caso de América Latina, Bolivia ha sido favorecida por esa condonación. Esta decisión fue fruto de un debate internacional sobre el tema, como el que se desarrolló en estos días en el Vaticano, acerca del Jubileo de la Deuda, con asistencia de dirigencias políticas y sociales de todo el mundo. Es, entonces, poco serio que se le niegue a la sociedad su total derecho a analizar esta cuestión y se la amenace con cataclismos financieros, cuando se intenta poner sobre el tapete la reflexión sobre el costo económico y social del endeudamiento. Si alguien con notoriedad pública plantea que la estrategia del Plan vigente desde 1991 conlleva indefectiblemente un acentuado incremento del desempleo u opina que sería ideal –aunque imposible por el momento- destinar los 11.000 millones de dólares que por año hay que pagar de intereses a apoyar a los excluidos del sistema, un duro anatema cae sobre él. No solamente aparece como culpable de la ingobernabilidad, del deterioro financiero y de la pérdida de confianza de los acreedores internacionales sino que se le dice que se calle la boca. En síntesis. El mensaje de los representantes explícitos del Poder es que de este asunto crucial ni se puede hablar. Analizar en la facultad En la cátedra a mi cargo en la Facultad no se podría analizar la grave crisis social actual sin acudir a un análisis profundo del modelo económico que la nutre, con amplio debate y opiniones muy diversas de los estudiantes, próximos a recibirse. No podría ser de otra manera. En un ámbito universitario no hay tema prohibido. Menos si el mismo hace a la esencia de la política económico-social del período más reciente de la historia argentina y permite comprender por que un programa económico deviene en una inédita situación de desamparo, pobreza y exclusión social de millones de habitantes que aquí viven. Es, por otra parte, necesario que estudiantes a poco de graduarse puedan relacionar sus conocimientos sobre teoría económica con la realidad social que nos circunda. Y sean capaces de establecer la inevitable e irremediable vinculación entre la realidad económica y el modo como se distribuye la riqueza y el ingreso generado en el seno de la sociedad. La gran pregunta En conclusión. La gran pregunta a contestar es: ¿ debe la Sociedad Argentina, en su conjunto, discutir en profundidad la legitimidad o no de la Deuda Externa, los efectos que produce sobre el tejido productivo y social y el costo que implica ajustarse a los condicionamientos internos y externos para que el Estado –responsable del pago de la mayor parte de dichos intereses- cumpla con dicho compromiso?. Si admitiéramos que discutir esta cuestión es impropia y peligrosa tendríamos que pensar no solamente en un problema de censura intolerable. Podríamos imaginarnos a un relevante profesional en medicina que cuando se le preguntase sobre el SIDA contestase “ A los jóvenes no se les habla del SIDA porque se supone que lo pueden contraer por drogadicción o por mantener relaciones sexuales sin medidas preventivas. Ello supondría estimular una y otra práctica ilícita o inmoral. Entonces –diría el connotado médico- del SIDA yo no hablo”. Una respuesta de este tipo sería sencillamente ridícula. Pero no se han oído voces estentóreas que hayan defendido al prominente político que en días pasados, ya sea en serio o en broma, quiso referirse críticamente a ambos procesos fundamentales que tienen que ver con la salud ética y social de la Argentina. Parece que todos se hubieran asustado porque ambos temas se discuten en forma abierta y sin condiciones. O acaso no estamos pagando todos la deuda externa que originariamente se estatizó en 1982, por un mero arbitrio administrativo del Banco Central. ¿ O asimismo, no estamos sometidos a un modelo de tipo de cambio fijo, con el único precio determinado arbitrariamente por el Estado cuando todos los demás se determinan por el juego de las fuerzas del mercado o ha sido convenido explícitamente con grandes conglomerados nacionales e internacionales, como las tarifas de los servicios públicos privatizados?. Analizar el tipo de cambio Si tratamos abiertamente sin temores las consecuencias de la vigencia de un tipo de cambio fijado en 1991, hoy evidentemente atrasado por las sucesivas devaluaciones frente al dólar de la gran mayoría de las economías del mundo, competidoras nuestras en el comercio internacional, e intra MERCOSUR, podríamos echar luz sobre sus efectos para la mayoría de la sociedad. Se podría así comprobar porque el salario es la única variable de ajuste de las empresas argentinas que pretenden competir internacionalmente dada la imposibilidad de tocar ningún otro precio fundamental de los factores que componen el costo de producción de dichas empresas. Entiéndase bien. Postulamos una amplia discusión y entre tanto nos abstenemos de proponer soluciones hasta que el análisis del conjunto de la sociedad no determine, con claridad, quienes ganan y quienes pierden con la Ley de 1991, hoy todavía vigente, y quienes tendrían que pagar los costos de una eventual modificación de la misma. En conclusión Quienes, como nosotros, en la cátedra de Estructura Social Argentina, estamos semana a semana inventariando los profundos desgarramientos sociales que padecemos en la Argentina contemporánea y observamos que se origina en las estrategias económicas inauguradas en 1975 pero profundamente acentuadas en 1991 nos parece fundamental que “de esto si se hable” en el seno de la sociedad. En voz alta, con plena participación de todos. La Universidad y nuestra Facultad podrían, con toda seguridad, en tal caso, contribuir con su significativo bagaje de estudiosos –profesores y estudiantes- a enriquecer esta inevitable y aún pendiente discusión en la Argentina actual, indispensable para pensar en un país sin desigualdades sociales de la magnitud que hoy soportamos. – Universidad de Bs. As. – La Gaceta de económicas, 26 de noviembre de 2000 -