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Entre la antinomia campo-industria y el desarrollo de una Argentina como Nacion

Una dicotomía implícita en el informe dado a conocer por la Secretaría de Agricultura de la Nación que sólo contribuye a desviar el debate de los verdaderos desequilibrios y distorsiones que, aún hoy, continúa generando la aplicación del modelo económico de la última década .

El informe de la Secretaría de Agricultura de la Nación y lo expresado – entre otros dirigentes agropecuarios – por el presidente de la Sociedad Rural Argentina, durante el discurso inaugural de la Exposición Rural de Palermo, presupone conducir a nuestro país por caminos pastoriles propios del subdesarrollo, recrear antinomias inconducentes y reacondicionar el discurso continuista en defensa de un agotado modelo de concentración económica, desarraigo, desocupación y desnacionalización del patrimonio público y privado de todos los argentinos . La Argentina como Nación necesita de políticas activas tendientes a desarrollar con decisión al agro y a toda la industria nacional como motores de su crecimiento, proteger y explotar la riqueza ictícola, conservar el suelo de su territorio, ejercer su derecho soberano sobre las riquezas minerales y energéticas del subsuelo nacional e incentivar las investigaciones científicas y tecnológicas de punta en todas sus ramas y especialidades . Realizado el análisis del informe técnico difundido por la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Nación denominado "EFECTOS DE LA POLITICA COMERCIAL EXTERNA Y FISCAL SOBRE EL SECTOR AGROPECUARIO ARGENTINO" el Frente Agropecuario Nacional, pone a conocimiento de la opinión pública: Que, con parámetros arbitrarios predeterminados, el estudio concluye definiendo transferencias de la producción primaria y la agroindustria, del orden de los 3660 millones de dólares anuales, en beneficio de ciertos sectores substitutivos industriales manejados a placer. Que, por el contrario, es el modelo económico argentino de la última década la causa central de la verdadera e injusta transferencia de recursos desde los sectores de la producción – agro e industria conjuntamente – hacia ciertas actividades de bienes y servicios no transables internacionalmente, en particular empresas privatizadas y de peajes y todo el sistema financiero que, sin explicación alguna, el informe cuestionado no menciona Que reavivar, a través del informe, la vieja y anacrónica dicotomía agro-industria convalida la continuidad de reglas de juego que discriminan a la producción nacional en beneficio de los sectores más concentrados de la economía, de los servicios privatizados y del sistema financiero. Que el informe reclama aplicar una política ingenua de comercio libre, sin aranceles, cuotas o prohibiciones de importar . Un marco normativo de referencia que presupone beneficios y ventajas para el agro sin tener en cuenta el retraso del tipo de cambio, la distorsión de los precios relativos y los subsidios en masa aplicados sobre los productos agropecuarios e industriales de Europa, Estados Unidos, y de la mayoría de los países del mundo desarrollado . Menos aun, los privilegios de los sectores financieros nacionales e internacionales y de las empresas de servicios privatizados, peajes y combustibles . Que el informe no explica la quiebra generalizada de algunos de los sectores supuestamente protegidos ni las medidas que tuvieron que aplicarse en nuestro país en defensa de la avicultura, la producción de carne de cerdo, de productos regionales, refinanciaciones subsidiadas de pasivos rurales y exenciones impositivas ante situaciones de emergencia y/o desastre agropecuario . Que, ya sin escusas para salvar al modelo económico aplicado durante la última década -reconversión, escala, producciones alternativas, etc.-, y frente al fracaso de los reclamos del agro pidiendo eliminar impuestos, rebajar tarifas de servicios públicos y eliminar subsidios agrícolas foráneos, el informe intenta rejuvenecer el discurso continuista instalando en la opinión pública transferencias que ocultan a los verdaderos responsables de la desaparición de una tercera parte de los productores agropecuarios y del endeudamiento del sector en mas de 10.000 millones de dólares . Que el análisis publicado por la Secretaría aparta de las responsabilidades a todos aquellos que avalaron la política económica de la última década y constituye ,en definitiva, un camuflaje del dólar barato y de la distorsión de los precios relativos de los bienes transables internacionalmente frente al beneficio de los no transables . Que en el mundo de países desarrollados no existen naciones que cuenten con un importante desarrollo agropecuario sin presentar al mismo tiempo procesos de industrialización avanzados . Que el proceso de desindustrialización, éxodo rural y concentración económica verificado en la Argentina durante la ultima década es la causa principal de la hiperdesocupación, vulnerabilidad externa e insustentabilidad del crecimiento . CONSECUENCIAS DE LLEVAR A LA PRÁCTICA LO RECOMENDADO POR EL INFORME Saldo neto de divisas necesarias para importaciones sustitutivas de la producido por los siete sectores involucrados ( textiles, vestimenta, refinerias de petróleo, plásticos, siderurgia, automóviles y autopartes) 17.906 millones de U$S Demanda adicional de importaciones (por mayor nivel de exportaciones primarias) 888 millones de U$S Desaparición de puestos de trabajos 250.000 empleos Aumento de importaciones 58,8% Caída del PBI industrial (desmontando los sectores mencionados) 13% Caída del PBI global ( desmontando los sectores mencionados) 2,2% La evolución de los precios relativos es la clave principal que permitió y aun permite materializar una transferencia de recursos desde los sectores productivos agropecuarios e industriales hacia las actividades de servicios y el sistema financiero con tasas exorbitantes e inflexibles a la baja. Estas son las grandes distorsiones de precios relativos y condiciones de privilegio que inhiben la posibilidad de que la Argentina desarrolle armónicamente sus capacidades productivas y genere empleo. Por ello desplazar la discusión hacia una insostenible cuestión entre agro o industria no hace sino, en los hechos, intentar evitar la real discusión acerca de alternativas viables para que nuestro país vuelva a privilegiar la valorización productiva y por esa vía la creación de empleo genuino