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El mensaje de los que producen

El campo es uno de los principales pilares de nuestra economía y conforma una compleja estructura social y productiva que necesita mantenerse íntegra para poder servir de andamiaje a un verdadero proyecto de desarrollo nacional.

Si la búsqueda del bienestar general y de justicia y equidad no logran ser el común denominador de las acciones y propuestas del campo y si el economicismo salvaje, los reclamos coyunturales periféricos y el productivismo miope no dejan paso a la visión de una Argentina agropecuaria integrada a la comunidad, pensada no sólo como medio sino también como modo de vida de millones de argentinos, instalada como elemento de interés geopolítico y protectora del medio ambiente, de los recursos naturales y de la diversidad genética, la Nación se verá transformada en factoría y la República en un simple territorio de negocios. En ese caso, los productores funcionaremos como la mano de obra barata de las grandes ciudades y los argentinos quedaremos como arrendatarios de nuestro propio territorio con un futuro sin dignidad nacional. Resulta paradójico imaginar a una Argentina con progreso y desarrollo en el ámbito rural, coexistiendo con miseria y exclusión extrema en los suburbios de las grandes ciudades. No puede existir un tejido social del interior numeroso y desarrollado si se aplican matrices agro productivas propias de la minería sustentadas por el monocultivo sobre grandes superficies sin agricultores, con sus secuelas en procesos de concentración y desnacionalización de la tierra y la economía o esquemas de desarraigo y éxodo rural como repetición de la tragedia agraria de la década de los noventa.La bronca de los ganaderos, provocada por una abrupta caída de los valores del ganado en pie sin que estos se hayan reflejado en los precios de venta de la carne a la población, marca con claridad que el problema que afecta a los productores no puede explicarse sólo como consecuencia de una serie de medidas equivocadas del gobierno nacional.La desaparición casi total de la demanda durante el viernes 21 de julio pasado en el Mercado de Liniers, dejando un remanente record de más de 10.000 cabezas en los corrales, la suba abrupta del precio de la hacienda un día antes de la decisión de suspender las exportaciones de carne vacuna y la reciente reunión entre frigoríficos para autorregular las exportaciones, muestran con claridad quienes son los que pueden manejar a su antojo las cadenas agroindustriales y los mercados.La cartelización oligopólica y posiciones dominantes de los eslabones más fuertes de las cadenas agroalimentarias y el “dar vuelta la cara” de algunos funcionarios gubernamentales, haciéndose los distraídos, son realidades que explican las distorsiones generalizadas de precios relativos y las ganancias indebidas de pocos en desmedro de muchos.Si el paro agropecuario demostró la unidad de las bases agrarias por encima de toda especulación gremial-corporativa, ahora la dirigencia del sector debe entender el mensaje de los que producen y, sin especulaciones ni exclusiones de ninguna naturaleza, unirse para repensar organismos públicos y privados y políticas activas para el sector, como contrapartida a una situación donde los dogmas -rayanos en lo sagrado- de la competitividad y el mercantilismo salvaje se erigen como pensamiento único y permiten que mercados imperfectos y políticas inaceptables logren transferir la renta de nuestras riquezas naturales y el trabajo y el esfuerzo de los que producen a unos pocos individuos y empresas con total impunidad.Complicaciones similares en todas las regiones y producciones del campo ameritan discutir con urgencia una Ley de fomento para las micro, pequeñas y medianas empresas, beneficiándolas con condiciones tributarias, financieras y de promoción especiales y con verdaderos efectos expansivos sobre ellas, colocándolas en equilibrio competitivo, condiciones de desarrollo sostenido y protegidas de los procesos de globalización y concentración que afectan especialmente a los países en vías de desarrollo.Cuando aparecen los problemas y las injusticias, las organizaciones fuertes adquieren verdadera importancia y se comprende la imperiosa necesidad de lograr la unidad del sector a través de un gran Movimiento Agropecuario Nacional, como venimos sosteniéndolo desde hace muchos años. Transferencias espurias de divisas y sistemas productivos inapropiados, términos del intercambio distorsionados, aumentos en proporción geométrica de pagos de regalías y patentes a corporaciones internacionales, desatención de las investigaciones científicas y tecnológicas de punta, depredación de nuestra plataforma submarina y de nuestros recursos mineros, combustibles y derivados del petróleo argentino con costos en pesos pero que nos cotizan internamente a precios internacionales en dólares, son sólo algunas de las características de una estructura macroeconómica y productiva dependiente, injusta y regresiva, que debe ser modificada para que la utopía de una Argentina para todos se convierta en realidad.Ing. Agr. Horacio DelguyPresidente del Frente Agropecuario Nacional