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La Dirigencia Agropecuaria

Ser dirigente agropecuario implica capacidad de liderazgo, generación de ideas, vocación de servicio, escala de valores que privilegie la idea del bien común, honestidad intelectual, autocrítica, conducta e independencia político-partidaria. También visión y conocimiento para señalar y proponer a sus representados las acciones gremiales en defensa de sus intereses y derechos legítimos que superen la coyuntura y planteen en el mediano y largo plazo verdaderas políticas agropecuarias que contemplen la figura de la familia y la pequeña y mediana empresa rural como los ejes del desarrollo agropecuario nacional. Esto último debe ser así por la particular estructura socioeconómica del agro argentino y la necesidad de preservar su integración social y productiva.Durante los últimos años el autoritarismo, la discriminación, la distracción culposa y la hipocresía de muchos dirigentes obsecuentes con los gobiernos de turno y la actitud excluyente de numerosos funcionarios de la cartera agropecuaria y organismos dependientes, hacen desaparecer casi por completo las características señaladas y provocan una crisis de representación que se potencia a través del tiempo y aleja a las mujeres y hombres del campo de la dirigencia agropecuaria y de sus organizaciones.La década de los noventa muestra con claridad este proceso de decadencia y crisis de representación que, en buena medida, permitió el proceso que desde el Frente Agropecuario Nacional denominamos la “Gran estafa del fin de siglo”; un modelo económico que destruyó de manera sistemática la cultura productiva de miles de productores agropecuarios, concentró la economía, excluyó a millones de compatriotas y desnacionalizó el patrimonio público y privado de todos los argentinos.Pero a pesar de todo lo señalado, todavía dirigentes y funcionarios continúan distraídos frente a la necesidad imperiosa de cambiar, de lograr la unidad del agro sin exclusiones ni paternalismos de ninguna naturaleza, y sin ignorar a numerosas organizaciones que, como el Frente Agropecuario Nacional, la Mesa Federal Agraria, el Movimiento Nacional de Mujeres Agropecuarias en Lucha, la Confederación General de la Producción, productores auto convocados e innumerables organizaciones de productores de todas las regiones de nuestro país, que quieren opinar y ser atendidos como corresponde, sin mesas y ámbitos de discusión exclusivos y excluyentes. En definitiva, se persiste en ignorar los cambios que presenta la realidad, lo cual genera, como consecuencia, representatividad cuestionada, inacción gremial o acciones equivocadas. Así se logró imponer recientemente el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina que superpone funciones ya establecidas para otros organismos y aplica aportes compulsivos a todos los ganaderos por valores que rondan en conjunto los 24.000.000 de pesos anuales, hasta ahora aplicados para tan sólo embellecer oficinas, y sacarse chispas para cubrir cargos con sueldos y gastos de representación; así se propicia y apoya un sistema ganadero de trazabilidad individual costoso y burocrático que no hace al seguimiento coherente desde origen de los rodeos de ganado vacuno argentino, que perfectamente puede realizarse sin afectar los intereses de los ganaderos y al mismo tiempo garantizar la calidad, sanidad y origen de nuestras carnes; así, todavía, no podemos vacunar contra la aftosa a nuestros rodeos bajo los controles correspondientes del SENASA, y sin costos operativos que implican alrededor de 60.000.000 de pesos anuales, mientras las oficinas locales del organismo sanitario no tienen el presupuesto ni personal suficiente para garantizar la sanidad animal y vegetal de cada distrito como debiera corresponder. Así es como, desde la Secretaría de Agricultura y desde ciertos sectores empresariales y gremiales, se propicia la idea de una nueva imposición sobre la venta de trigo y soja (garantías globales) y aportes gremiales compulsivos para rentar a algunos de nuestros representantes y financiar sus organizaciones.Es inadmisible que en la Argentina no se plantee un debate a fondo que nos permita: determinar la matriz productiva funcional a sus intereses como Nación, poder aplicar una política activa dirigida hacia esos objetivos, advertir y prever los peligros de un proceso de sojización indiscriminado, el desmonte de grandes superficies sin estudios de impacto ambiental, la seguridad y soberanía alimentaria. No podemos continuar atrapados en debates superficiales o inmersos en una maraña de intereses personales o corporativos solo funcionales a unos pocos individuos y empresas o acorralados por un economicismo insensible y carente de visión.Las estructuras no hacen a la representación; son los dirigentes y sus ideas generadas con la participación de las bases los que otorgan la representatividad para expresar la opinión de los productores. Necesitamos una nueva estructura gremial agropecuaria en el ámbito nacional en donde todos estemos representados y que permita, a través de la voz y el voto de todos los productores agropecuarios de nuestro país, conformar un verdadero Movimiento Agropecuario Nacional, representativo, solidario, participativo, federal y democrático que permita el progreso de todos los productores agropecuarios, pero también impida la pobreza, asegure la alimentación, consolide el poder de decisión nacional y augure trabajo y dignidad para todos los argentinos. Buenos Aires, 23 de febrero de 2004Horacio DelguyPresidente del Frente Agropecuario Nacional