Get Adobe Flash player
Visitas
061234
Visit Today : 2
Total : 61234

La desesperación…

La Desesperación en lo económico lleva a cometer grandes errores

 Que a nuestro país le falta solidez institucional, nadie lo duda. Que nuestros legisladores -salvo honrosas excepciones- dejan mucho que desear, no es novedad.Que falta la participación de una clase dirigente más formada y responsable, tampoco hay que olvidarlo. Cada uno de nosotros debe preguntarse qué nivel de compromiso estuvo o está dispuesto a asumir en aras de mejorar su entorno: su municipio, provincia o el lugar de acción que le corresponda.

Pero el tema al que referiremos está ligado al lamentable episodio del Senado, institución que tendría que trabajar para legislar en función del bien común.Trataremos aquí un punto de vista al que tal vez no se le haya dado suficiente importancia: el del problema económico que llevó a un grupo (¿del gobierno?, ¿de empresarios?) a sobornar a legisladores como medio para lograr la aprobación de una ley que se presume de indispensable para bajar los costos argentinos. Sin pretender minimizar la gravedad de los hechos, pienso que a los mismos no hay que analizarlos fuera del contexto de cuasi desastre económico en el que está sumergido el país.Y nada es casual. Cuando los problemas económicos arrecian, aparecen los peores aspectos de la condición humana: se rompen amistades de años, se pelean familias y la historia nos enseña que muchas guerras tienen su origen en causas económicas. Sin intención de idolatrar al dios Mercurio, sabemos que cuando el dinero escasea en serio, lo malo ocurre más frecuentemente. Generalmente, la escasez a la mayoría de nosotros nos hace mezquinos y a los débiles, deshonestos. En el dicho "la ocasión hace al ladrón", podemos incluir a la escasez como ocasión.Es allí a donde apuntamos. La ley de reforma laboral es vista como una tabla de salvación en medio del naufragio de la Convertibilidad. Muchos economistas nacionales y extranjeros han señalado que la reforma laboral no alcanza para solucionar nuestros problemas de competitividad. Pero quienes insisten en mantener la Convertibilidad consideran indispensable el dictado de esta ley. El principal argumento de quienes se oponen a una reforma laboral en las actuales circunstancias es porque la ven como una amenaza hacia el poco trabajo estable que queda aún, y que aumentaría la vulnerabilidad de los asalariados: obreros, empleados, personal jerarquizado, etc. La Convertibilidad está muerta, no tiene pulso. Entonces, ¿porqué habremos de estar tan aferrados a un modelo que murió, por haber nacido mal concebido?Creo que vivimos momentos de gran confusión porque es muy difícil desentrañar qué es causa y qué es efecto. ¿Es la economía o es la política?. Si se entiende que política y economía son inseparables se encontrarán respuestas más acertadas.El limitar la actual crisis al aspecto político-institucional sería por lo menos incompleto. La sociedad, los medios, los políticos, las entidades empresarias y eclesiásticas, etc., no aciertan a explicar del todo qué es lo que nos pasa. Todos enuncian verdades muy válidas, pero tal vez, incompletas. Posiblemente se subestime la incidencia que ha tenido en los asuntos institucionales la crisis económica y social que generó este modelo de seudo crecimiento basado en deuda, anti-exportador por antonomasia, y que expolió a economías regionales, agro, pequeñas y medianas industrias y servicios asociados a estas actividades, y que obró a favor de grandes corporaciones nacionales y extranjeras y de la banca. Se descuidó en exceso lo nuestro y no se dieron las condiciones para competir, ya que el mismo modelo llevó -entre otras cosas- a una voracidad fiscal que los de menor tamaño no han podido o no pueden seguir resistiendo.Seguramente, nuestras instituciones, por debilidad no supieron encausar a una sociedad que salía del trauma de la hiperinflación y se nos embarcó dentro de un modelo económico errado, contrario a los modelos exportadores exitosos.¿Quién lo sabe: es el huevo o la gallina?. La respuesta no es fácil y tal vez no sea posible de contestar. Pero el problema económico está muy presente. Aún en el lamentable episodio del Senado.Enrique Ruiz Guiñazú.