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Carne y Política

La salida de la convertibilidad, la puesta en marcha de un nuevo modelo económico, una mejora del poder adquisitivo del salario, el crecimiento de los niveles de ocupación formal e informal y la inclusión en el circuito económico de sectores marginales de la población, interactuando con una demanda internacional creciente y una oferta relativamente escasa e inelástica, han provocado aumentos en los precios de la carne vacuna.

En este contexto, bastante claro y transparente aun para legos, resultan incomprensibles los errores conceptuales y metodológicos en que incurre el gobierno al encarar el mercado de la carne. Se adoptaron instrumentos específicos para intentar mantener sus valores, tales como incrementos en los pesos mínimos de faena de la hacienda, aumentos en los aranceles de exportación y valores topes en la media res que entregan los frigoríficos para el consumo, entre otras medidas de controvertida eficacia. Finalmente, de un plumazo que sorprendió hasta el pasmo a propios y ajenos, se dispuso la suspensión de las exportaciones de carne vacuna.No existe ningún complot ganadero, ni productores angurrientos, ni pícaras casas consignatarias maquinando operativos para subir los precios del ganado. Tampoco hay argumentos ni objetivos políticos que justifiquen enfrentar a los consumidores con los productores, o sancionar a las mujeres y hombres del campo con un conjunto de medidas equivocadas que claramente desalientan la producción y tendrán efectos deletéreos en la oferta futura.Cabe preguntarse: ¿Quiénes serán finalmente los verdaderos beneficiados por el derrumbe de los precios de la hacienda? ¿Los quebrantos serán soportados equitativamente por todos los eslabones de la cadena de ganados y carnes? ¿Se trasladarán a los precios de cortes vacunos en góndolas de supermercados y carnicerías las bajas del ganado en pié en toda su magnitud?El estigma de la pobreza que afecta a millones de nuestros conciudadanos –verdadero símbolo de vergüenza para la Argentina- no les sucede por no poder comer carne sino por no poder comer lo suficiente, por no tener acceso al trabajo, a la vivienda, a la salud, a la educación y a los servicios públicos esenciales, entre otras muchas carencias.Es necesario salir de los exabruptos gubernamentales, de la defensa salvaje de intereses políticos y corporativos, y de la incoherencia intelectual e ideológica de buena parte de una dirigencia que desconcierta a los productores, confunde a la opinión pública, impide soluciones valederas de largo plazo y subalterna los intereses de la Argentina como Nación. Pero… se torna difícil discutir proyectos de largo plazo si los productores debemos soportar que, mientras el Gobierno nacional decide suspender los envíos de carne vacuna al exterior e invierte recursos de su presupuesto en una campaña publicitaria recomendando no comerla, un Instituto de Promoción de la Carne Vacuna, sostenido con el aporte obligatorio de los ganaderos e integrado por dirigentes agropecuarios y funcionarios rentados, persiste sin saber ni tener qué promocionar. No se puede castigar injustamente a los que producen sometiéndolos a una lucha estéril que resulta funcional a quienes, con una opinión pública entretenida con este problema, continúan transfiriendo al exterior miles de millones de dólares de nuestra renta petrolera sin organismo de control alguno, renegociando contratos y concesiones de obras y servicios sin debate público y favoreciéndose con un proceso de concentración y desnacionalización de la tierra, del agua y de los recursos naturales.Resulta arduo comprender que si el gobierno nacional se esfuerza por diferenciarse de la administración de los noventa y expresa voluntad para salir del esquema privatizador de los organismos del Estado, no se posibilite en forma concreta la recuperación de todas las misiones y funciones indelegables del SENASA para ser ejercidas en forma directa, sin costos extraordinarios ni curatela intermedia alguna.Si los distintos eslabones de la cadena de ganados y carnes se esfuerzan en explicar a diario la transparencia del Mercado de Liniers, resulta poco claro que algunos firmen con el gobierno compromisos para bajar, fijar o retrotraer precios del ganado y de las carnes, generando sospechas e interrogantes de toda naturaleza sobre la pretendida limpidez del funcionamiento de la oferta y la demanda.La solución de fondo para este conflicto pasa por la decisión del gobierno nacional y la voluntad de la dirigencia empresarial para acordar un verdadero proyecto de desarrollo agropecuario nacional de largo plazo, sustentable y equilibrado en sus aspectos económicos, ecológicos y sociales. Lograr esto, implica que autoridades y sectores involucrados deben, al tiempo que propugnar el bienestar general de la sociedad, pensar en el largo plazo para que los argentinos, otrora habitantes de una nación conocida en el mundo como el “país de las vacas”, no debamos sumar -como lo expresó el poeta en su tango “Cuesta abajo”… la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”.Ing. Agr. Horacio Delguy Presidente del Frente Agropecuario Nacional