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Será tarde para lágrimas

Confrontación, desconfianza mutua y parches como solución a los problemas provocaron, en el llamado conflicto con el campo, enormes perjuicios al Gobierno nacional, a los productores agropecuarios y a la sociedad en su conjunto. Finalmente, la caída estrepitosa de los precios internacionales y la sequía mas intensa de los últimos setenta años transformaron en catástrofe a la situación de bonanza y recuperación económica que venía verificándose en los años previos al 2008.

En el marco de la agudización de la crisis económica planetaria- sería de buena política convocar al diálogo a todas las organizaciones gremiales agropecuarias sin exclusiones para consensuar un paquete de medidas tendientes a mitigar los inconvenientes del corto plazo. En ese orden, es preciso recomponer las variables macroeconómicas deterioradas, recuperar los precios relativos que permitieron el despegue y actuar sobre los eslabones mas fuertes y concentrados de las cadenas agroalimentarias para equilibrar las cargas del esfuerzo a realizar. En un plano general nuestra propuesta consiste en impulsar el diseño de un proyecto agropecuario de mediano y largo plazo donde la familia rural se consolide como el eje del desarrollo agropecuario nacional; la defensa y protección de los recursos naturales y el medio ambiente sea el condicionante de los procesos productivos; la ocupación equilibrada de nuestro territorio el derrotero geopolítico y cultural, y la equidad y justa distribución de la riqueza el gran objetivo constitucional de lograr el bien común y el bienestar general

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La crisis internacional que afecta al mundo conduce a que cada país trate de protegerse de los efectos ( no ya colaterales sino directos) del colapso que no dejará a nadie indemne, por lo que debemos prepararnos para enfrentar una realidad de recursos, día a día más escasos a los hoy existentes, redefinir prioridades nacionales, rediseñar con inteligencia y equilibrio el origen de los recursos y redistribuir con equidad los escasos ingresos.

El mercantilismo salvaje global con pretendida autorregulación, vigente hasta hace pocos meses atrás, desaparece; los países consolidan fronteras comerciales y las economías nacionales procuran ajustarse a los intereses de las regiones. La Argentina deberá contemporizar estos intereses con sus vecinos en un ámbito de unidad latinoamericana.

El hiperconsumo de energía, renovable y no renovable, y los procesos de cambio climático y calentamiento global aumentando en progresión geométrica, amenazan la sustentabilidad de la civilización tal como la conocemos sobre el planeta, y serán los principales condicionantes de la nueva estructura política y económica mundial.

A nivel local, es imprescindible que campo y Gobierno salgan de los enfrentamientos, de la discusión cosmética de los problemas, de la política partidaria, de la coyuntura mediática dependiente de las retenciones y de la fría perspectiva corporativa alejada del contexto socioeconómico interno e internacional. Hoy, más que nunca, como ocurre ante catástrofes naturales o masivas tragedias accidentales, debemos unirnos localmente y amalgamarnos con la región.

Mientras el mundo advierte que el paradigma del crecimiento globalizado se encuentra en estado de crisis terminal parecería que la Argentina ha olvidado demasiado rápido la catástrofe padecida por la vigencia de ese mismo modelo y de la convertibilidad durante más de una década que, sin retenciones a las exportaciones, expulsaron y desarraigaron a más de cien mil productores agropecuarios, y dejaron al borde de la quiebra por endeudamiento terminal a otros cientos de miles, rescatados de ese destino merced a la salida del ominoso proceso.

Tal vez, por no sopesar adecuadamente el crecimiento del interior productivo durante más de cinco años.
Tal vez, por demasiados errores de un Gobierno que no pudo, no supo o no quiso debatir un proyecto agropecuario sustentable de mediano y largo plazo, marcando el rumbo de la Argentina agropecuaria de cara al siglo XXI.

Nuevos paradigmas son posibles, alejados del crecimiento descontrolado y combustible dependiente, convertidos en respeto a la naturaleza, en seguridad alimentaria, en real redistribución de la riqueza, en crecer y desarrollarse a medida de reales necesidades, en cuidar la sostenibilidad del planeta.

Las dirigencias políticas, gremiales y empresariales están a tiempo para corregir errores, generar un ámbito de debate y discusión sin exclusiones y al más alto nivel político y científico-tecnológico, compatibilizar intereses y satisfacer necesidades de vastos sectores marginados, excluidos y en estado de pobreza extrema, quienes más temprano que antes reclamarán mucho más del gobierno y de la sociedad argentina. Sería demasiado tarde para lágrimas.

 

Horacio Delguy
Presidente del Frente Agropecuario Nacional