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Entre Burbujas y Desafíos

Diciembre de 2008
Frente a la crisis catapultada desde el modelo económico del país más poderoso y mayor deudor del planeta, la Argentina, criticada y descalificada desde la salida de la convertibilidad en 2002 por no compartir ni aplicar a rajatabla los lineamientos de ese esquema, hoy aparece, comparativamente, mejor posicionada frente a la explosión financiera, económica y climática global que amenaza con virulencia a las economías del mundo y al equilibrio de la subsistencia humana sobre la tierra.
Esta situación no se ha dado tan sólo porque quienes tenían que regular no entendieron los riesgos de sus omisiones o acciones, sino que ha sido el propio sistema económico mundial, necesitado de lograr crecimiento a cualquier costo y en progresión geométrica e indefinida en el tiempo, el que generó el descalabro mayúsculo.

 

 

 

 

El mismo modelo inyectó el combustible que provocó la explosión de la burbuja financiera y, entre otras particularidades, puso de manifiesto la inviabilidad del comercio indiscriminado del carbono y su responsabilidad en los procesos generadores del calentamiento global.
 
Es obvio que nuestro país no podrá escapar indemne a las deflagraciones de este cóctel explosivo de operaciones virtuales sin límites. La solución global pasa por diseñar un futuro mas comprometido con la preservación de la naturaleza planetaria, con menos emisión de gases. También por fijar límites a la ambición sin freno de quienes ganaron miles de millones de dólares en una especulación desacoplada de la producción, y por cambiar una economía consumista desarticulada de la preservación del medio ambiente.
El mundo necesita generar un nuevo paradigma económico corrector del modelo economicista y fundamentalista del mercado aplicado durante las últimas décadas; ese esquema resultó permisivo frente a los consumos desmedidos de unos pocos y a la vez responsable de los desastres ambientales, económicos y sociales de miles de millones de seres humanos. El mundo necesita una nueva lógica macroeconómica, amigable con el medio ambiente, propiciante de la idea de crecer a la medida de reales necesidades y conducente a producir bienes durables en el tiempo.
El sector agropecuario de nuestro país, especialmente las pequeñas y medianas empresas, aparece en este escenario entre los más comprometidos, como consecuencia de la estrepitosa caída de los valores de los commodities en el ámbito internacional y de costos internos de producción impermeables a la baja. Esto resulta agravado por la persistencia de retenciones a las exportaciones pensadas para otros niveles de precios, de limitantes al comercio exterior aplicadas para otro contexto internacional, de distorsiones a favor de los eslabones más poderosos y concentrados de las cadenas agroalimentarias y de un tipo de cambio real deteriorado por la inflación doméstica y las devaluaciones en los países de la región. Como si esto fuera poco, una sequía de enormes proporciones y heladas tardías completan un panorama rural desolador.
Pero los reclamos legítimos de las mujeres y los hombres del campo no pueden ni deben ser transformados por la dirigencia sectorial en enfrentamientos político-partidarios. En el ámbito agropecuario debe generarse con urgencia un espacio de discusión y acuerdos con un gobierno que tenga predisposición al diálogo sin exclusiones, con agenda abierta, confianza mutua y permanencia en el tiempo.
El conflicto originado en la puja por la renta extraordinaria producto de esta burbuja económica global -que buena parte de la dirigencia política y empresarial argentina creía indefinida- ha desaparecido. La crisis hace pensar en dificultades para el corto plazo pero también en oportunidades. Si el gobierno nacional aplica con urgencia las correcciones necesarias, un nuevo modelo -sin burbujas financieras ni fundamentalismos mercantilistas, solidario y respetuoso con la naturaleza- permitirá a las mujeres y hombres del campo sostenerse en el circuito productivo actuando como tales. En ese contexto, la familia rural debe ser considerada como el eje del desarrollo agropecuario nacional y los productores agropecuarios, verdaderos estrategas productivos en este nuevo escenario, estarán habilitados para competir en igualdad de condiciones, poniendo límites a los hasta hoy poderosos financistas y especuladores que los desplazaban y transformaban en rentistas al mejor postor.
Detrás de la crisis global y los problemas locales aparecen oportunidades; aprovecharlas es el desafío.
Horacio Delguy
Presidente del Frente Agropecuario Nacional